Biodiversidad en resistencia: Las especies que le están ganando terreno a la extinción.

Fuente: Informativo Juego Limpio, El Mostrador (2026).

 

Escuchar el canto de un chucao no es solo un regalo para los oídos; es el latido vibrante de un ecosistema que se mantiene firme y funcional.

Aunque el ruido de la crisis climática intente opacar este sonido, en lo más profundo de nuestros bosques y océanos se está escribiendo una crónica épica: la de la resistencia.

Desde el asombroso galope del saiga en las estepas asiáticas hasta el retorno del huemul en nuestras cumbres andinas, la vida exhibe una terquedad maravillosa.

Estas páginas son un viaje por los rincones del planeta —y de nuestro Chile— donde la biodiversidad, lejos de rendirse, está conquistando batallas decisivas. Es el testimonio de que, cuando restauramos el hogar común, la naturaleza responde con una fuerza imparable.

Te invitamos a descubrir que la extinción no tiene la última palabra. Hoy celebramos a una naturaleza que recupera territorios y nos recuerda que cada esfuerzo de conservación cuenta. Este es un homenaje a la vida que persiste, que lucha y que, contra todo pronóstico, ha decidido volver a florecer.

 

¡Bienvenidos a una historia donde la esperanza es la protagonista!.

 

El planeta atraviesa una de sus mayores alertas ambientales. Con cerca de un millón de especies en riesgo de desaparecer, científicos advierten que la Tierra podría estar entrando en su sexta extinción masiva.

 

En medio de ese escenario, la biodiversidad no se rinde. Desde las estepas de Asia hasta los bosques y costas de Chile, hay especies que están dando la batalla sin dejar caer los brazos.

En Asia Central, el saiga volvió a correr donde alguna vez desapareció. Este antílope, diezmado por la caza y las enfermedades, pasó de menos de 50 mil ejemplares a casi 4 millones en menos de dos décadas, gracias a la restauración de su hábitat.

La lección es clara: cuando el territorio se recupera, la vida también lo hace.

 

En África, los gorilas de montaña siguen trepando contra todo pronóstico. Con apenas unos mil individuos, su recuperación ha sido lenta pero sostenida, impulsada por la protección de bosques y la restauración de ecosistemas en la región de Virunga. Aun así, siguen en una delgada línea entre sobrevivir o desaparecer.

 

En Sudamérica, el jaguar intenta reconquistar la selva que perdió. En la fragmentada Selva Atlántica, la regeneración de bosques y la creación de corredores biológicos permitieron que su población creciera en zonas como el Alto Paraná.

No es una recuperación total, pero sí una señal de que el ecosistema puede recomponerse.

Bajo el mar, el dugongo resiste en silencio. Dependiente de las praderas marinas, su supervivencia está ligada a la restauración de ecosistemas costeros.

 

En islas del Caribe, la culebra corredora de Antigua pasó de 50 a más de mil ejemplares tras eliminar especies invasoras. Su historia demuestra que, en territorios aislados, la restauración puede tener efectos rápidos y profundos, reactivando ecosistemas completos.

 

En Chile, esa misma batalla también se está dando.

El huemul reaparece en zonas donde se le daba por perdido, con nuevas crías registradas en la cordillera.

 

Sigue en peligro de extinción, pero en zonas como Ñuble y Aysén se han detectado nuevas poblaciones y nacimientos recientes.

 

Proyectos de conservación y corredores biológicos han permitido recuperaciones locales, con grupos más estables en áreas protegidas.

 

 

El picaflor de Arica, que estuvo al borde de desaparecer, ha conseguido aumentar su población gracias a la recuperación de su hábitat.

Gracias a restauración de hábitat y control de especies invasoras, su población ha aumentado de 200 ejemplares a más 500. Ha pasado de una situación crítica a una recuperación progresiva, aunque sigue en peligro.

El zorro de Darwin muestra señales de estabilidad tras años de declive. Es endémico de Chile, con poblaciones en Chiloé y Nahuelbuta. Programas de conservación han permitido estabilizar e incluso aumentar su número en ciertas áreas. Aunque sigue en peligro, su tendencia dejó de ser regresiva en algunos territorios.

 

 

A ellos se suman el loro tricahue, cuyas colonias han crecido en Chile central; el chungungo, que vuelve a ocupar espacios en la costa gracias a áreas marinas protegidas.  La ranita del Loa, que se creía extinta, hoy es parte de programas de reintroducción.

 
Estas historias no borran la magnitud de la crisis, pero sí cambian el tono del relato.
La biodiversidad está bajo presión, pero no derrotada.

 

Fuente: Informativo Juego Limpio, El Mostrador (2026). 

https://www.elmostrador.cl/juego-limpio/2026/04/07/biodiversidad-bajo-presion-pero-no-derrotada/.

 

 

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