Criterios Pedagógicos de Educación Ambiental para la Acción Climática.
Criterios Pedagógicos de Educación Ambiental para la Acción Climática.
La visión holística de la educación permite conectar a las categorías teóricas con la realidad inminente de la práctica pedagógica, los criterios pedagógicos que se exponen a continuación constituyen una guía para los docentes y educadores comunitarios, que les brindará un sólido sustento teórico y les facilitará el diseño, realización y evaluación de actividades concretas de educación: horas de clases, talleres, actividades en terreno, sesiones con apoderados (as).
Para realizar actividades de educación para la acción climática, que realmente motiven y empoderen a quienes son sus beneficiarios y beneficiarias, es urgente e imprescindible abandonar el enfoque instruccional centrado en contenidos y abandonar la pretensión de lograr conductas mecánicas, que responden obedientemente a instrucciones.
La educación para la acción climática tiene un claro propósito: Motivar y capacitar a los seres humanos, habilitándolos para que participen del proceso de cambio cultural en curso.
Los criterios pedagógicos operan como fundamentos que permiten asegurarnos que produciremos “re-acción y no “in-acción climática”.
CRITERIO N°1: EDUCACIÓN MOTIVADORA.
MotivAcción. Educamos para motivar una re-acción climática positiva, cooperativa y práctica. La educación no es neutra; enseña aquello que la sociedad ha identificado como correcto y útil para el bienestar común.
Se trata de lograr que nuestro potencial de dar una respuesta exitosa al desafío climático, se concrete en acciones de la vida cotidiana, en los ámbitos personal, familiar y comunitario de los y las participantes.
Quienes asuman la misión de educar para la acción climática requieren de entusiasmo y total convicción.
Es indispensable poseer o desarrollar la capacidad de motivar a los y las estudiantes para que asuman su rol de seres activos en el cambio cultural.
La tarea de formar ciudadanos y ciudadanas que participan en la solución climática, implica trascender la reacción básica de solo protestar o quejarse por la situación, esperando el cambio de gobiernos, empresas y “otros”.
Se requieren seres humanos conscientes y coherentes “que son y viven el cambio que demandan de su sociedad”, habilitados para practicar las acciones reales que cada cual puede realizar en sus vidas personales.
Ciudadanas y ciudadanos que concretan su consciencia ambiental y climática en todo tipo de acciones, como apagar la luz o equipo electrónico que se dejó de usar, recolectar el agua de la ducha que fluye helada al principio en un contenedor, para utilizarla luego como riego de las plantas regalonas de la casa, participar en iniciativas de reciclaje en su comunidad educacional y vecindario, asistir a actos y eventos de difusión de la cultura de sustentabilidad.
Motivar la acción de nuevas generaciones que lucen ansiosas, descomprometidas y desmotivadas constituye un desafío extremo a nuestra capacidad de perseverar, manteniendo la convicción de que si lo logramos aumenta la posibilidad de encontrar una solución.
La motivación es una tarea que hoy cuenta con una importante base de respaldo en el excelente trabajo realizado por expertos en coaching y desarrollo humano, quienes recomiendan trascender el discurso instruccional y transmitir las enseñanzas sobre acción climática desde la fuerza impecable que brinda la experiencia coherente de educadoras y educadores.