Quillay: Símbolo de Resiliencia del Bosque Esclerófilo Chileno.

Valia Vivar M. Lic. en Biología; Mg. en Ciencias Microbiológicas, PUCV.

Cada mañana, al salir al patio de mi casa, lo primero que contemplo es un Quillay que me acompaña desde hace más de dos décadas. A lo largo del año, distintas aves visitan sus ramas y llenan el entorno con su canto, transformándolo en un compañero cotidiano y en un recordatorio vivo de la riqueza de la flora nativa chilena.Quillay (Quillaja saponaria Mol.) es un árbol siempreverde de tamaño mediano que, en condiciones favorables, puede alcanzar entre 15 y 20 metros de altura.

Presenta un tronco de corteza gruesa, de color gris ceniciento y profundamente agrietada, característica propia de su alto contenido de saponinas.  Su copa es amplia, densa y de forma globosa, sostenida por ramas extendidas que le otorgan un aspecto robusto, adaptado a las condiciones del clima mediterráneo. 

Sus hojas perennes, verdes y brillantes, destacan por una textura coriácea (dura) y una forma alargada de bordes levemente dentados, los cuales presentan usualmente entre cuatro y ocho pequeños dientes.

La floración se extiende entre los meses de octubre y enero.  Sus flores, blanco-amarillentas, son hermafroditas y se disponen en inflorescencias terminales, siendo altamente atractivas para diversos insectos polinizadores.

El fruto es una cápsula leñosa con forma estrellada que, al madurar durante el verano, se abre en varias valvas para liberar semillas aladas, las cuales son dispersadas por acción del viento.

El Quillay es una especie endémica de Chile; esto significa que solo existe de forma natural en este país. Su distribución abarca desde la Región de Coquimbo hasta la Región de La Araucanía.

Habita tanto en la Cordillera de la Costa como en sectores de la precordillera andina, alcan

zando altitudes cercanas a los 2.000 metros sobre el nivel del mar. Forma parte fundamental del bosque esclerófilo, donde se asocia con especies características como Litre (Lithraea caustica), Boldo (Peumus boldus) y Peumo (Cryptocarya alba).

 

Desde una perspectiva ecológica, no solo provee alimento y refugio a una gran diversidad de aves e insectos, sino que también asegura la estabilidad de terrenos pedregosos gracias a su sistema radicular dual: una raíz pivotante que alcanza aguas subterráneas y raíces laterales que previenen la erosión.  Además, su presencia es clave para la regulación hídrica en las cuencas de la zona central.

 

Su valor cultural y económico es igualmente significativo. Su corteza ha sido utilizada tradicionalmente como detergente natural debido a su alto contenido de saponinas, y en la actualidad estas sustancias tienen aplicaciones en la industria farmacéutica, cosmética y alimentaria, incluyendo su uso en la formulación de vacunas.

 

 

El vocablo quillay proviene de la voz mapuche küllay, que a su vez deriva de la palabra cúllcan, cuyo significado en lengua mapuche es “lavar”.

Es una especie de gran importancia apícola, ya que sus flores aportan néctar para la producción de miel, mientras que su madera, dura y resistente, ha sido empleada históricamente como leña y para la elaboración de carbón.

Encontrarse con un Quillay en el paisaje o convivir con él en el entorno cotidiano es reconocer la capacidad de adaptación de la flora nativa frente a condiciones ambientales adversas. Al mismo tiempo, invita a valorar y proteger el bosque esclerófilo, un ecosistema único que resguarda una parte fundamental del patrimonio natural y cultural de Chile.

La principal fuente de información corresponde a:

Rodríguez, R., Matthei, O., & Quezada, M. (1983). Flora arbórea de Chile. Universidad de Concepción.

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